Mujeres. Afghanistán (Exposición)

Un museo es un sitio al que vamos a sentir, como si fuera una burbuja gigante cuyas paredes podemos atravesar sin que se rompan. Atrás quedan los pitidos de los coches, el olor a tubo de escape y las prisas. Dentro están el espacio y tiempo adecuados, donde pararte a pensar sobre lo que alguien quiere hacerte sentir. En este caso, una exposición sobre la vida de las mujeres en Afghanistán, con fotografías de Gervasio Sánchez e historias contadas por Mónica Bernabé.

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Exposición Mujeres. Afghanistán, de Gervasio Sánchez y Mónica Bernabé.

Una mirada es suficiente para hacerte sentir. Una mirada que te mira desde otro país a través de esa ventana abierta que es el marco de una fotografía. Una ventana abierta que te permite conocer una situación que jamás hubieras imaginado.

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Exposición Mujeres. Afghanistán, de Gervasio Sánchez y Mónica Bernabé.

Una sola mirada no es suficiente para hacerte comprender. En las dos salas que abarca la exposición hay una pequeña colección de miradas, cada una con su propia historia. Cada historia, una faceta de la situación que viven diariamente millones de personas. Situaciones tristes y alegres, de desgracias y dolores, pero también de luchas y pequeñas victorias.

Al final sales de la sala callado, arrastrando los pies, pensando en la suerte que has tenido de nacer donde has nacido. En cómo narices podrías ayudar a mejorar algo de lo que has visto (apoyar a Humans Rights Watch, Médicos sin Fronteras o RAWA es un buen comienzo). Y al atravesar las paredes de la burbuja-museo llegan los sonidos de los chavales jugando al fútbol en la plaza, devolviéndote a la realidad más cercana. Haciéndote sentir afortunado.

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Está muy bien esto que hacéis

Ayer empezó Pint of Science y yo ya estoy reventado. De nervios, de ilusión y de incertidumbre. Del vértigo que da no saber cuánta gente va a haber entre semana para escuchar hablar de ciencia en un bar. Pero esa no es la historia que os quiero contar.

Ayer, después de apagar los micros y encender las cervezas del Sótano Mágico, se me acercó un señor a hablar. Unos 70 años a primera vista, confirmados en la conversación de después, enjuto y con una sonrisa: Majo, muchas gracias por las charlas. Al preguntarle si le habían gustado, me contó su historia reciente. Había comenzado a leer cosicas de ciencia cuando se jubiló hace unos años. Y como le pillábamos al lado de casa se había bajado al bar a escucharnos y oye, se había enterado de cosas y todo. Que está muy bien esto que hacéis.

Luego nos despedimos, él se fue para casa, “que ya no son horas”, y yo me quedé recogiendo los bártulos. Más adelante ya llegarán los análisis  del público que vino a las charlas. Si lo que hemos hecho ha sido llevar la ciencia al bar o el bar a la ciencia. Pero por el momento, a mi me vale con un “está muy bien esto que hacéis” dicho con una sonrisa.

En la cama se lee mejor

Leer es la segunda mejor cosa que puede hacerse en la cama, siendo la tercera dormir.

Leer en la cama es distinto a hacerlo en cualquier otro sitio. Leer sentado es demasiado formal. Leer en el sofá está bien, pero lo haces con la certeza de que tarde o temprano te vas a tener que levantar, para volver a la realidad. Leer en la cama tiene un matiz rotundo, definitivo, que hace que sea mejor que leer en cualquier otro sitio. Y que además tiene unos matices u otros dependiendo del momento del día.

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Unplash

De noche huele a casa y chimenea. A lugar seguro. Ese momento en el que desactivas toda conexión con el mundo exterior y te sumerges en el mundo interior del libro y en el tuyo propio. Sin interrupciones ni notificaciones. Todo lo que rodea a la cama se desdibuja, hasta que lo único que existe es la cama, el libro y el sueño, cada vez más pesado, contra el que luchas para disfrutar de una página más.

Por la mañana, leer en la cama huele a café y tostadas recién hechas. A mañana larga y perezosa. Es un domingo cualquiera, de pijama, manta y novela. De caricias, risas y besos. De historias paralelas a las del libro, contadas entre susurros bajo la sábana. Leer en la cama un domingo por la mañana es un lujo que deberíamos tener más a menudo.