De rojo

Sandman: The Wake
Sandman: The Wake

Me encanta mi nuevo trabajo. Es como si de repente hubiera encontrado mi lugar en el universo. Y en cierto modo, eso es exactamente lo que ha pasado.

Nunca olvidaré el día que tomé la decisión. Aunque echando la vista atrás, la decisión estaba tomada desde hacía mucho tiempo. En concreto desde el día que compré los zapatos de tacón rojos con el abrigo a juego. Lo dejé todo escondido, para que no se descubriese la sorpresa antes de tiempo. Llevaba demasiado tiempo preparando el regalo como para que se destapara todo en el último minuto.

Al fin llegó el momento adecuado. El día anterior había sido horrible, uno de los peores. De forma que, cuando desperté esa mañana, supe que había llegado la hora. Hoy era el día en que todo terminaba: las palizas, las humillaciones, los muros de silencio, los gritos que nadie parece escuchar…

En cuanto mi marido salió por la puerta de casa, me dirigí a la bañera, abrí el grifo y dejé que el agua fluyera tranquilamente, acariciando mi piel a la temperatura perfecta. Si iba a comenzar una nueva etapa, ¿qué mejor forma que hacerlo que con un baño?

Al terminar, salí de la bañera y me envolví con el albornoz. Me puse el vestido, me calcé mis nuevos zapatos favoritos y me puse el abrigo mientras sonreía para mi misma frente al espejo. Tras tomar las pastillas, dejé la carta sobre la mesilla de noche y esperé a la oscuridad. Hoy acababa todo. Hoy empezaba todo.

No era la primera persona que lo hacía. Ni sería la última. Cuando era pequeña mi abuela solía contarme la historia del espíritu de la hermana de su madre, que había perseguido durante años a su antiguo marido para hacerle pagar por nueve años de infierno disfrazado de matrimonio. Así que el mérito de la idea no era mío. Sólo continuaba una tradición familiar.

Esta historia corta se basa en una creencia china de que si alguien muere o es enterrado con ropa roja, vuelve en forma de fantasma.

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Doña Marta

Eran una pareja llamativa. Ella, alta, delgada y altiva. Él, bajito, regordete y bonachón. En las reuniones de vecinos siempre llamaban la atención.

Él, porque lo conocíamos todos: se quedaba a hablar con los vecinos en las escaleras. Somos un bloque numeroso, de más de 50 casas, y sin embargo siempre se acordaba de algún detalle de tu vida: si estudiabas o no, en qué trabajabas y si estabas enfermo siempre te preguntaba qué tal.

Ella, porque a pesar de mirar el mundo por encima del hombro con gesto reprobador, le cambiaba la cara cuando hablaba con su marido. Como si la máscara de dureza que se había construido se le cayese al suelo al hablar con su pareja. Como si le diera vergüenza mostrar cariño abiertamente, pero no se pudiera resistir.

Hace casi un año que él ya no está. Se acabaron las conversaciones en la escalera, los buenos deseos y el saludo cordial. Murió de un infarto súbito, dejando a su mujer sola contra el mundo.

Un año después, ya no queda casi nada de lo que un día fue. Apenada y triste, su máscara hace tiempo que se perdió, como también gran parte de sus recuerdos. Apareció el Alzheimer y con él una cuidadora que la trata con cariño evidente y salen a pasear todos los días.

El otro día nos encontramos en el recibidor y se me quedó mirando sonriente, saboreando alguna broma interna que sólo ella conoce.

“Me llamo Marta.”, confesó en un susurro, “Como la piel de mi abrigo”.

Una lista de la compra espacial

Tomates, lechuga, pechugas… Mierda, me he olvidado de comprar aceite, sabía que se me olvidaba algo.

Seguro que esta situación te ha pasado más de una vez: ir a la compra y olvidarte de comprar algo. A veces pasa aunque lleves una lista de la compra.

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Un guante muy viajero | Fuente: NASA

Ahora imagínate que eres Neil Armstrong. El primer ser humano en la Luna. Millones de ojos puestos sobre ti y no puedes fallar. Lo más seguro es que quieras tener a mano una lista de todo lo que tienes que hacer, por si te traicionan los nervios. Para no rebuscar en los bolsillos con los nervios del directo lo mejor es coser la lista al guante del traje, tal y como podéis ver en la foto: una lista de las tareas que tenía que llevar a cabo Neil Armstrong en su paseo lunar. Una de ellas era tomar las ya míticas fotografías del Apollo 11.

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Neil Armstrong en la Luna | Fuente: NASA.

Lo malo de hacer de fotógrafo en la Luna es que no sales en casi ninguna de las fotos (y el traje de astronauta es un poco aparatoso como para ponerte a hacer selfies). Esta segunda foto es una de las pocas que hay de Neil Armstrong en la Luna, ya que Neil estaba normalmente detrás de la cámara. Es lo que tiene ser el primer turista lunar.

Montañas en los anillos de Saturno

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Sombras en los anillos de Saturno | Fuente: NASA

Podría pasar perfectamente por un cuadro de arte abstracto y, sin embargo, es una foto de los anillos de Saturno tomada por la sonda Cassini. A veces la naturaleza supera la imaginación del artista.

Se trata de unas estructuras verticales en los anillos de Saturno, justo en el borde del anillo B. Normalmente son anillos de unos 10 metros de espesor, pero estas estructuras llegan a alcanzar los dos kilómetros y medio de altura, arrojando su sombra sobre los anillos. ¿Las culpables? Lo más probable es que sean moonlets, pequeñas lunas que orbitan en torno a Saturno justo en el borde de este anillo, dejando a su paso estos espectaculares pilares que destacan sobre el horizonte plano de los anillos.

Tengo la suerte de trabajar en algo que involucra tener que buscar imágenes como esta. Es un trabajo preciosamente tedioso: tedioso, porque tienes que bucear en archivos horas y horas para encontrar pequeñas joyas; precioso porque… bueno, creo que la imagen habla por sí misma.