Cocina contra el mal humor

Chop chop chop… El cuchillo suena repetidamente contra la tabla de madera, dejando finas rodajas de pimiento a su paso.

Córtalo fino, que si no luego tarda un montón en hacerse.

Casi puedo oír la voz de mis padres sonando en la cocina, aunque estén a  100 kilómetros de distancia. Crecer en una casa en la que cocinar es poco menos que un ritual familiar tiene sus ventajas: te quedas con un montón de recuerdos felices, un pequeño puñado de trucos de cocina y un hobby para toda la vida.

Hay gente que para relajarse o bajar la ansiedad corre, medita, lee o grita. 22 años de costumbres culinarias (a los 3 años ya me dejaban ayudar en la cocina haciendo cosas sencillas) han hecho que mi espacio seguro sea la cocina. Cualquier cocina. Un sitio en el que estar a mis anchas y en el que solo existimos yo, los ingredientes y una receta. Un sitio en el que no hay sorpresas y todo es como un baile bien ensayado, como un experimento de química 500 veces repetido.

Da igual que sea al horno o a la plancha. En papillot o a la sal. Lo importante son esos 30, 60, 90 minutos que pasas preparando algo que después vas a disfrutar y compartir con alguien más (si tienes invitados). Ese tiempo en el que el mundo desaparece salvo por el chop chop del cuchillo contra la tabla y el olor de la comida preparándose.

Podríamos hacer…

Podríamos hacer…

Hay frases que me dan un miedo instintivo. Y si la frase empieza con podríamos hacer… y encima la escucho en ámbito laboral, me echo a temblar. Es automático, no lo puedo evitar.

Podríamos hacer

Yo antes no era así, este miedo instintivo nace a raíz de experiencias laborales, propias y ajenas. El trabajo: ese ambiente lleno de personas maravillosas… y otras menos maravillosas. Es esa gente menos maravillosa la que suele empezar las frases con podríamos hacer… y termina la frase añadiendo sólo una palabra. “Podríamos hacer gamusinos, dice el susodicho, para acto seguido quedarse mirando a los compañeros, sonriente, expectante, como si con esa palabra (gamusinos) ya hubiera explicado toda la idea, su desarrollo y el reparto de tareas correspondiente. Como si todos pudiéramos leerle la mente.

Por supuesto, si en ese momento mirásemos en el interior de la mente del personaje, no podríamos encontrar ni la idea, ni su desarrollo y mucho menos un esquema previo con el trabajo que habría que llevar a cabo para que su ocurrencia funcionase. Lo más probable es que encontrásemos un mono con platillos.

Pero él es feliz: ha quedado bien delante del jefe, ha dicho una frase misteriosa y ha dejado encima de la mesa un enorme plato de mierda que, si es del agrado del jefe, os vais a tener que comer entre todos.

Porque aquí llega lo mejor de todo. La primera persona del plural del condicional simple de indicativo (podríamos hacer) se convierte, por arte de magia, en segunda persona (podríais hacer) tan pronto como se decida que se va a hacer algo. Y muy pronto la alquimia lingüística hará que de condicional se pasé a imperativo: haced.

Terminará la reunión y el plato de mierda seguirá encima de la mesa. Alguien, normalmente el que ha sugerido la idea, repartirá cubiertos a todos los presentes, mientras sale por la puerta y deja una idea de mierda encima de la mesa, que a vosotros os tocará digerir y dar forma, mientras él se toma un carajillo en la cafetería.

No hay nada peor que un jefe que no sabe valorar el trabajo que implican algunas ideas.

Llamando a la Tierra

Cuando miramos a nuestro planeta desde el espacio… es bello, frágil y tiene esta pequeña línea envolviéndolo: nuestra atmósfera. Es lo único que nos protege del malvado vacío del espacio exterior.

Creo que no hay mejor forma de expresar lo importante que es el medio ambiente para nuestro futuro. Disfrutad de esta Llamada a la Tierra en HD y pantalla completa.

Lo importante es no dejar de hacerse preguntas

Principia y Next Door.pngMe gustan los libros. Me gustan las ilustraciones. Me gusta la ciencia.

Con semejante punto de partida es normal que proyectos como Principia o Next Door Publishers me cautivaran desde el principio y siga sus avances con atención.

Me gusta también el espíritu que transmiten: no hay que parar de hacerse preguntas, no hay que dejar de probar cosas y, sobre todo, hay dejarse fascinar por el mundo. Cada vez que abro sus webs, y muchas otras que se dedican a la divulgación, encuentro respuestas a preguntas que jamás me había formulado y me planteo muchas otras a las que intento dar respuesta.

Creo que no hay mejor carta de presentación para dos proyectos que nos invitan día a día a ser más, a conocer mejor el mundo. Pero por si acaso tenéis ganas de saber más, os dejo con las entrevistas que hicimos entre Carlos Espatolero, Fernando Gomollón y un servidor a los creadores de ambos proyectos en la sección de #CienciaParaTodos en Aragón Fin de Semana: a Enrique Royuela y Cristina Escandón, de Principia, y a Oihana Iturbide, de Next Door Publishers.

Entrevista con Enrique Royuela y Cristina Escandón de Principia

http://www.ivoox.com/03-01-2016-principia-importancia-hacerse-preguntas_md_9976882_wp_1.mp3″ Descargar

Entrevista con Oihana Iturbide de Next Door Publishers

http://www.ivoox.com/22-11-2015-salmon-transgenico-luz-al-final-del_md_9469633_wp_1.mp3″ Descargar

Lo dicho: lo importante es no dejar de hacerse preguntas.