No seas un gilipollas

¡Fium! Otro más que te adelanta a 40 por hora en una calle de 30 mientras tú vas en bici. Pero esta vez frena en seco a cinco metros de ti porque hay un paso de cebra y lo siguiente que ves es el rojo de sus luces de freno acercándose a tu cara.

Es lo que me ha pasado esta mañana. Suerte que llevaba el casco y se ha llevado la mayor parte del golpe. No me quiero imaginar lo que hubiera ocurrido de no llevarlo y aterrizar de cara en el maletero de un coche, pasando de 17 a 0 en un segundo.

Por eso, tanto si vas en bici como si no, si conduces o no, quiero pedirte un favor: no seas un gilipollas. O al menos no seas ese gilipollas. Ese que va a más de 30 en las vías pacificadas (total, para ganar unos segundos), o ese otro que no señaliza las maniobras o cambia de carril sin mirar por los retrovisores; o el clásico gilipollas que adelanta bicis rozándolas porque no hay espacio (pues esperas un puto minuto a que lo haya, pero no me pongas en peligro por tus prisas).

Porque después, como ha pasado también hoy, cuando salgas del coche y se te pase la gilipollez que parece que se te mete al coger el volante entre las manos, no quiero que tengas que llamar con miedo al chaval que se ha comido tu maletero esta mañana para ver si está bien.

Hoy ha sido un susto. Un poco de dolor, aturdimiento y mala leche. Y una hinchazón en la cara de la que nos reiremos con mis amigos cuando quedemos a tomar algo este fin de semana. Pero otro día podría no ser así. Así que por favor, no seas un gilipollas.