Podcast: La ciencia es una excusa para contar historias (VIII)

La ley de la selva, avispas contra el cáncer, Ars Qubica y fasificando Van Goghs por ordenador

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Hay veces que internet es muy pequeño y, pese a las millones de personas que conecta entre sí día día, te pone en la pantalla el trabajo de alguien de tu misma ciudad. Eso es lo que me pasó hace unos años con el vídeo Nature by numbers cuyo creador, Cristóbal Vila, vive en Zaragoza. Nature by numbers fue viral en su día y este año ha sacado un nuevo corto, en colaboración con el IUMA de la Universidad de Zaragoza: Ars Qubica.

Aparte de recomendaros estos cortos, os hablamos de la ley de la jungla. Investigadores de Canadá, Tanzania y Francia han sacado un estudio en el que revisan más de 2000 ecosistemas para llegar a una sorprendente conclusión: la relación entre las poblaciones de predadores y presas es de 3/4 y no de 1 como mucha gente pensaba hasta ahora. Si nos vamos a la sabana y multiplicamos por 4 el número de gacelas, el número de leones crecerá por 3 (no por 4 como cabría esperar). Este resultado es importante, puesto que influirá en los modelos que actualmente se manejan en ecología a la hora de proteger especies en peligro de extinción, por ejemplo.

Además, os hablamos de unas avispas cuyo veneno podría ayudar en la investigación del cáncer, puesto que mata células tumorales. Y también os contamos la historia de un algoritmo de ordenador que puede pintar Van Goghs.

Nocturnos

“… el nocturno en C# menor de Chopin.”

Ahí está de nuevo. El silencio tras el aplauso. La espera. Andar nerviosamente los 15 pasos que te separan del piano para saludar al auditorio con un ligero movimiento de cabeza, mientras los miras sin verlos realmente.

El auditorio te mira a su vez. Expectantes unos, aburridos otros; durante el escaso minuto y medio que separa la presentación de tu actuación, por sus cabezas pasan múltiples pensamientos: qué hora será, no creo que supere al anterior, tengo que ir a comprar naranjas al salir, que me he quedado sin…

En tu cabeza también hay pensamientos, pero son automáticos. Los has tenido mil veces antes y los tendrás mil veces después: tengo que ajustar la altura del taburete, colocar bien la espalda, tomar un respiro y… empezar a tocar.

De nuevo un silencio, diferente al anterior. Un silencio tenso, que empezó en cuanto te sentaste y que espera algo. Espera al sonido que sale del piano cuando tus manos rozan las teclas. La tensión se disuelve en el aire cuando terminas los primeros compases.

Apenas 10 segundos tocando y ya notas el alivio en el público. La música los apacigua, los tranquiliza, mientras tú te dejas llevar por tus manos a tu refugio. Ese sitio en el que tu cuerpo y tus manos están en el presente, tocando la pieza, y tu mente está lejos de allí, dejando que sea tu cuerpo el que saque la música.